Menos encarcelados, pero las agresiones sexuales y familiares siguen siendo un factor importante en Yucatán, aquí te dejamos la información
De acuerdo con las cifras, la inseguridad está en casa, las agresiones sexuales y familiares en Yucatán siguen ocurriendo, pero ya no hay tantos encarcelados, aquí te presentamos la información.
Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) correspondientes al cierre del año 2025 revelan una preocupante paradoja en el sistema de justicia y de reclusión de la entidad.
Aunque Yucatán ostenta con orgullo la mayor capacidad e infraestructura penitenciaria de toda la Península, el estado encarcela a muchas menos personas que su vecino Quintana Roo, abriendo un duro debate sobre los niveles de impunidad reales ante los delitos que más flagelan a los hogares: la violencia familiar y las agresiones de índole sexual.
Durante el periodo analizado, ingresaron a las prisiones yucatecas mil 386 internos, apenas el 40 por ciento de las 3 mil 488 detenciones registradas en el territorio quintanarroense.
Este bajísimo flujo carcelario contrasta con el hecho de que el estado dispone de cinco centros penitenciarios equipados para albergar a 3 mil 124 personas, la mayor red de reclusión regional.
Políticamente, los discursos oficiales suelen justificar esto bajo la bandera de una supuesta paz social; sin embargo, el perfil delictivo muestra que el verdadero peligro opera silenciosamente desde el interior de las viviendas yucatecas.
Te podría interesar: Accidente por alcance en la vía Motul – Mérida deja una camioneta en la maleza
A diferencia de Quintana Roo, donde imperan detenciones por narcomenudeo u homicidios de alto impacto, en Yucatán el peso del sistema judicial recae drásticamente en conflictos de carácter social, abusos sexuales y violencia doméstica.
La baja tasa de internamiento de hombres (quienes representan el 88.7% de los reclusos) despierta serios cuestionamientos políticos sobre si las fiscalías locales están archivando las denuncias de mujeres e infantes vulnerados, dejando a los agresores en total libertad y convirtiendo el entorno familiar en la trinchera más insegura del estado.




