Don Isidro Ávila Villacís: el decano de la lente yucateca

Un homenaje a medio siglo de historia gráfica a Isidro Ávila Villacís, decano del fotoperiodismo en Yucatán y colaborador de Diario de Yucatán

El fotoperiodismo en Yucatán no puede entenderse sin la figura de Isidro Ávila Villacís, conocido cariñosamente como Avilita. Su muerte, ocurrida este domingo a los 96 años de edad, significa la partida de un hombre que dedicó casi cinco décadas a retratar la vida peninsular con una cámara siempre lista.

La siguiente entrevista, realizada en enero de 2003 cuando fue designado como uno de los ganadores del premio “Meridanos de Corazón”, constituye un testimonio de vida, trabajo y pasión por el oficio. Hoy, publicada de manera íntegra y contextualizada, funciona como un homenaje a quien fue considerado el decano de los reporteros gráficos en Yucatán.

Una vida entre brechas y alfombras rojas

Durante cerca de medio siglo, por la cámara de Isidro Ávila desfiló literalmente la vida peninsular: desde grandes empresarios, figuras políticas y miembros de la alta sociedad, hasta campesinos de comunidades apartadas. “Avilita” estuvo presente en recepciones de gala y también en brechas polvosas, manglares y pueblos recónditos.

Reyes, presidentes, artistas y deportistas también formaron parte de su archivo gráfico. Fue testigo de dictadores, mandatarios, bandidos y personajes entrañables. Como dijo Mons. Fernando Ruiz Solórzano: “Ávila está en todos lados y a la hora oportuna”. La confianza en su trabajo era tal que incluso la foto de Neil Armstrong en la Luna llegó a publicarse con su firma, sin que nadie lo pusiera en duda.

Inicios en la fotografía

Ávila contaba que su relación con la fotografía comenzó desde niño, gracias a su padre. “Mi papá, engatusado por el progreseño Pedro Bermúdez, cambió su puesto de baratillero por un estudio de fotografía. Se llamaba Hollywood Studio, Bermúdez y Ávila y estaba en los altos de la panadería La Vieja”, relató.

Las fotos se tomaban y revelaban con luz natural, utilizando ingeniosos mecanismos solares que su padre había creado con madera, espejos y agujeros. Esa curiosidad marcó el inicio de un camino que lo llevaría al periodismo.

La primera foto publicada

Uno de los recuerdos más emotivos de Ávila fue la publicación de su primera foto con firma propia: “El acto fue la inauguración del convento de las Madres Trinitarias de Chuburná, el 4 de octubre de 1955”. Desde entonces, su nombre quedaría ligado al Diario de Yucatán, donde desarrolló prácticamente toda su trayectoria.

Entre las personas a quienes guardaba eterno agradecimiento estaban don Roger Rodríguez, quien le prestó su primera cámara Zeiss Ikon, y Gregorio “Goyo” Méndez, el reportero gráfico que lo llevó por primera vez a cubrir un partido de béisbol.

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La disciplina del trabajo

“En casi medio siglo en el Diario sólo he faltado una vez a mi trabajo”, comentaba con orgullo. Aquella ausencia ocurrió cuando sus hijos lo llevaron prácticamente a la fuerza a operarse de una hernia. El secreto de su resistencia, decía entre risas, fue gracias a los vitamínicos que le daba de niño su abuelo farmacéutico: “Wamphole, Hemostyl, hígado de bacalao…”. Fiel a sus rutinas, Ávila confesaba también su gusto por la cerveza oscura al mediodía, tradición que mantuvo incluso después del cierre de su bar favorito, La Jardinera.

Entre Pedro Infante y el Papa Juan Pablo II

De todas las coberturas que realizó, dos marcaron de manera especial su memoria: la trágica muerte de Pedro Infante y los encuentros con el Papa Juan Pablo II.

Sobre el pontífice, Ávila recordaba con emoción: “El Papa es quien más me ha impresionado, sobre todo porque lo tuve muy cerca y pude estrecharle la mano en Villahermosa, cuando se acercó a saludarnos a los fotógrafos”.

En contraste, la cobertura del accidente aéreo que le costó la vida a Pedro Infante en 1957 fue un reto mayúsculo: “Llegué con mi cámara y sólo me quedaban tres cuadros. Entonces pedí prestadas unas diez cámaras a los vecinos y con ellas logré rescatar fotos que se publicaron en la edición extra de ese mismo día”.

El encuentro con Jacqueline Kennedy

Otra de sus grandes anécdotas fue la cobertura de la gira de Jacqueline Kennedy por el sureste mexicano. Determinado a no perder la oportunidad, se las ingenió para subir al avión privado que la trasladaba. “Me tomé de la orilla inferior de la puerta, me pulsee y de un salto estuve adentro”, relataba divertido. Aquella cobertura lo llevó a Palenque, Campeche y Chichén Itzá, donde entregó personalmente a la ex primera dama un álbum con fotos de su viaje.

Su visión de la fotografía y la tecnología

En 2003, Ávila reflexionaba sobre la evolución de la fotografía: “De aquellas cámaras en las que había que calcular todo manualmente, a las modernas digitales, hay un gran abismo. Hoy cualquiera puede ser fotógrafo con una computadora, aunque la nitidez todavía no alcanza la de las películas tradicionales”.

Aunque aceptaba los avances, reconocía que las digitales no eran de su época: “Yo no manejo la computadora, pero si son cámaras, seguro que puedo manejarlas”.

La ciudad y el Estado desde la mirada del fotógrafo

Ávila también ofrecía su perspectiva sobre Yucatán: “La ciudad está bastante extendida. Ha crecido mucho, pero ya no ves a las familias en las puertas tomando el fresco”. Sobre las tradiciones, lamentaba la pérdida de costumbres como el uso cotidiano del hipil entre las mujeres de los pueblos.

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En materia política, veía con buenos ojos la alternancia: “Ahora tenemos la posibilidad de que si no nos gusta el que está, lo quitamos y ponemos a otro. Eso no ocurría antes”.

Un anecdotario interminable

La vida de Ávila estuvo llena de episodios curiosos y singulares. Desde sus inicios coloreando fotografías con acuarela y óleo para cines, hasta su paso por el Ejército como subteniente de infantería en la reserva, su existencia se nutrió de historias que disfrutaba contar.

Recordaba, por ejemplo, cuando reveló que la estatua de Manuel Crescencio Rejón en el aeropuerto era de yeso y no de bronce, o los desencuentros con el gobernador Carlos Loret de Mola por fotos incómodas.

Legado y memoria

En casi medio siglo de trabajo, Isidro Ávila Villacís acumuló una riqueza de experiencias que compartió generosamente con colegas y aprendices. Su huella permanece en las páginas de la prensa yucateca y en la memoria de quienes lo conocieron. Hoy, su vida y obra nos recuerdan que el periodismo gráfico no sólo es testimonio, sino también un arte de resistencia, ingenio y disciplina.

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