Una histórica misión internacional liderada por Francia localizó más de 200 mil barriles con desechos radiactivos en el fondo del Atlántico. Científicos evalúan si representan una catástrofe ambiental inminente

El cementerio nuclear oculto: Hallan más de 200 mil barriles radiactivos en el océano Atlántico

Un enigma de la era nuclear ha vuelto a salir a la superficie, o mejor dicho, a ser fotografiado en lo más profundo del mar. Una misión científica internacional liderada por Francia logró localizar y mapear un enorme vertedero con más de 200 mil barriles de residuos radiactivos. Los contenedores permanecieron ocultos en las llanuras abisales del noreste del océano Atlántico, a más de 4 mil metros de profundidad, tras ser arrojados deliberadamente entre 1946 y 1990.

Arqueología del riesgo nuclear

Durante casi ocho décadas, ocho países europeos depositaron estos bidones de metal, sellados precariamente con cemento o betún, bajo la falsa premisa de que la inmensidad del océano diluiría el peligro de la radiación. Sin embargo, mediante el uso de tecnología avanzada como el sonar de alta resolución y el submarino tripulado Nautile, la expedición NODSSUM logró documentar visualmente el verdadero estado de estos desechos por primera vez desde 1985.

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Una misión para conocer su estado

La expedición utiliza vehículos submarinos y tecnología especializada para localizar los barriles, documentar su ubicación y evaluar las condiciones en las que se encuentran después de tantos años bajo el agua.

El objetivo principal es determinar si los contenedores continúan sellados o si presentan signos de deterioro que pudieran provocar la liberación de sustancias radiactivas al entorno marino.

Los científicos también recolectan muestras de agua, sedimentos y organismos para analizar si existe contaminación en las zonas cercanas a los depósitos.

¿Representan un riesgo para el medio ambiente?

Especialistas señalaron que, por el momento, no existe evidencia de una emergencia ambiental inmediata; sin embargo, consideran indispensable conocer el estado real de los barriles para anticipar cualquier posible impacto.

Los resultados permitirán comprender cómo han evolucionado estos residuos con el paso de los años y servirán para definir estrategias de monitoreo o intervención en caso de que sean necesarias.

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