El uso de inteligencia artificial como sustituto de terapia psicológica genera debate entre especialistas, quienes advierten sobre riesgos emocionales y posibles implicaciones legales en caso de mal uso o dependencia.
El uso de la inteligencia artificial (IA) como una especie de “psicólogo digital” ha comenzado a generar preocupación entre especialistas en salud mental y expertos en tecnología, debido a los posibles riesgos emocionales y legales que esto puede implicar.
En los últimos años, cada vez más personas han recurrido a chatbots y sistemas de IA para hablar sobre sus problemas personales, recibir consejos o buscar apoyo en momentos de ansiedad, tristeza o estrés.
La facilidad de acceso, la disponibilidad inmediata y la sensación de anonimato han convertido a estas herramientas en una opción atractiva para muchos usuarios. Sin embargo, especialistas advierten que este tipo de tecnología no está diseñada ni certificada para sustituir la atención profesional de un psicólogo.
También te puede interesar: Reemplacamiento Campeche 2026: se acaba la prórroga y llegan sanciones fuertes
Cabe mencionar que, Guillermo Pérez Bolde,, explicó que todo lo que un usuario escribe en plataformas de inteligencia artificial puede quedar registrado y, bajo ciertas circunstancias legales, ser solicitado por autoridades como evidencia en un juicio.
Esto se debe a que los chats con IA no están protegidos por secreto profesional, a diferencia de las consultas con psicólogos o terapeutas certificados.
El tema se ejemplifica con antecedentes internacionales, como un caso en Nueva York, donde conversaciones mantenidas con sistemas de IA fueron consideradas dentro de un proceso legal, al interpretarse como parte de una confesión o reconstrucción de hechos. Este tipo de situaciones ha encendido alertas sobre el uso de estas herramientas en contextos sensibles.
Además, especialistas señalan que el uso de IA como “psicólogo” puede ser riesgoso no solo por lo legal, sino también por lo emocional, ya que estos sistemas no tienen formación clínica ni capacidad de diagnóstico real.
Aunque pueden simular respuestas empáticas, no comprenden el contexto humano profundo ni están obligados a seguir protocolos de atención en crisis.
Síguenos en Google News




